Trayectorias Escolares.  Gianina Ferranti

 

Caso Propio:

En 1er. Año de la secundaria, en 1999 tuve un accidente en el mes de julio y no puede volver al colegio hasta octubre. Desde mi perspectiva y en mis recuerdos, la trayectoria escolar fue interrumpida.

El colegio María Auxiliadora, en lo general, como institución, no me brindó gran acompañamiento, pero en lo particular las profesoras me facilitaron la promoción  en sus materias dejando que presente trabajos prácticos para compensar el tiempo que no estuve.

 Mi experiencia personal, permite reflexionar sobre las nociones de trayectorias escolares teóricas y reales planteadas por Flavia Terigi (2009). Desde mi vivencia, esta situación representó una interrupción en mi trayectoria escolar, que alteró el recorrido esperado por la institución.

Según Terigi, el sistema educativo se organiza en torno a una trayectoria escolar teórica, entendida como un recorrido continuo, homogéneo y cronológicamente ordenado que todos los estudiantes deberían seguir. Cualquier desvío respecto de ese patrón suele interpretarse como un problema individual —falta de esfuerzo, desinterés, o “fracaso” personal—, invisibilizando las múltiples condiciones sociales, institucionales o biográficas que influyen en el proceso educativo.

En mi caso, el accidente fue un factor externo que interrumpió la asistencia regular, pero la respuesta institucional no fue integral. El colegio, como organización, no ofreció un acompañamiento para sostener el vínculo educativo durante mi recuperación; sin embargo, algunas profesoras de manera individual mostraron sensibilidad y me facilitaron la promoción mediante trabajos prácticos compensatorios. Esta diferencia entre la acción institucional y la acción docente refleja, justamente, la tensión que Terigi identifica entre la responsabilidad institucional colectiva y las iniciativas personales aisladas de los docentes para sostener trayectorias reales diversas.

Analizado desde la perspectiva de Terigi, mi situación no puede entenderse como un fracaso individual ni como un problema exclusivamente personal. Mi trayectoria escolar fue real, distinta a la teórica, y requirió de gran voluntad para tener continuidad educativa.

Mi caso ilustra con que las trayectorias escolares no son lineales ni iguales para todos. Cuando el sistema no contempla esto, se corre el riesgo de responsabilizar al estudiante por interrupciones que son, en realidad, resultado de condiciones estructurales o contextuales. Superar la noción de “fracaso individual” implica asumir una perspectiva institucional y política que garantice apoyos, flexibilizaciones y acompañamientos diferenciados, para que cada estudiante pueda construir su propio recorrido de aprendizaje.

Puedo relacionar esta situación con el enfoque de la educación como derecho humano y  sus cuatro  rasgos constitutivos como lo son la disponibilidad, la accesibilidad, aceptabilidad y adaptabilidad.

En este caso la adaptabilidad en el cual se propone un sistema flexible que reconozca las trayectorias reales y diversas  no se adecuó a las necesidades, que tenía en ese momento, pero sí hubo una flexibilidad curricular y cierta adaptabilidad por parte de algunas docentes, pero faltó una política institucional que sistematizara esa respuesta.

 - Por otro parte, el modelo de estado en 1999, era el de Estado Post-Social.  En este marco político podemos considerar que la política educativa se encuadra dentro de lo que se denomina “una nueva corriente tecnocrática”. Una de las características de esta política educativa es que sigue las directivas del Banco Mundial provocando la descentralización de los sistemas educativos, pasándolo al sector privado, desfinanciación de la educación pública en todos los niveles y flexibilización de la contratación de los docentes.

Querer, no siempre es poder

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