Caso ficcional. Gustavo Andrada

Descripción de la situación 

En una escuela rural del Valle de Uco, Lautaro, un estudiante de 17 años, interrumpe su trayectoria escolar durante el segundo año del ciclo básico. Vive con su madre y sus hermanos, trabaja en una chacra desde la madrugada y recorre varios kilómetros para llegar a clases. Su asistencia es irregular, y aunque muestra interés por electricidad rural y energías renovables, no logra sostener la cursada. La institución lo considera “desmotivado”.

Abandonar la noción de fracaso individual 

El caso de Lautaro ilustra la urgencia de abandonar la idea de “fracaso escolar” como responsabilidad individual. Según Flavia Terigi (2008), las trayectorias escolares reales son heterogéneas, contingentes y profundamente afectadas por condiciones estructurales. La interrupción no es una falla personal, sino un desacoplamiento entre la lógica institucional y las condiciones de vida del estudiante. Pensar en términos de trayectorias permite visibilizar los obstáculos externos —económicos, familiares, geográficos— que inciden en el recorrido educativo, y obliga a interpelar al sistema: ¿Qué condiciones pedagógicas estamos generando para sostener trayectorias como la de Lautaro?

Vínculo pedagógico 

La situación se vincula con el principio de la educación como derecho humano. Desde esta perspectiva, el acceso, permanencia y egreso del sistema educativo no deben depender de la capacidad de adaptación del estudiante, sino de la capacidad del Estado y la escuela de garantizar condiciones de inclusión. Como plantea Paulo Freire, educar es un acto político, y el docente debe ser un mediador entre el saber y la realidad del educando. En este sentido, acompañar a Lautaro implica reconocer su contexto rural, flexibilizar formatos, y construir una pedagogía del encuentro.

Problemática sociocultural y modelos de Estado 

La trayectoria fragmentada de Lautaro se inscribe en un contexto de desigualdad estructural, propio de los efectos del Estado Post-Social (1983–2001), que desfinanció la educación pública y precarizó la vida rural. Sin embargo, entre 2003 y 2015, el modelo de desarrollo con inclusión social permitió revalorizar la educación técnica rural como herramienta de integración. La escuela, como institución social, debe asumir su rol en la reconstrucción de derechos, articulando con políticas públicas que reconozcan la diversidad de trayectorias y restituyan la dignidad educativa.


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