Pedagogía crítica, liberadora y latinoamericana

 Pedagogía Crítica

La pedagogía crítica es una práctica política y moral que visibiliza la multiplicidad y complejidad de la historia. Busca la construcción de un mundo más justo abordando las desigualdades de poder social. Fomenta el diálogo crítico.

La educación es política e intervención. La escuela, como esfera pública, puede cambiar realidades en la medida que los estudiantes aprendan habilidades para vivir en democracia. Además, es espacio de resistencia para las clases oprimidas. Los estudiantes no son receptores pasivos, sino productores de conocimiento crítico para la transformación.

Los docentes deben ser críticos consigo mismos y su autoridad surge de la capacitación e investigación, siempre en relación a los asuntos públicos.


 Educación liberadora

Freire, antropológicamente, comprende al ser humano como un ser de relaciones; histórico; de posibilidades; de praxis; trascendente; y de comunicación.

Entiende que las relaciones sociales injustas (opresores/oprimidos) pueden transformarse y la educación es una herramienta para ese cambio. 

Sin embargo, observa que la escuela formal tiene prácticas excluyentes. La denomina "educación bancaria" porque se considera a los estudiantes como depósitos a llenar. Freire no está en contra de la escuela, sino que hace una crítica de la manera en que se enseña. Piensa en cuáles son los sentidos que tiene la institución a partir de su función humanizadora.

En la educación bancaria el educador tiene el saber que llena de contenido al que no sabe nada. El rol de educar es clásico, con situación asimétrica de poder. No ayuda a la transformación, sino a la adaptación. El saber sería una donación de aquellos que se juzgan sabios que tienen el conocimiento a los que son “ignorantes”. Sin embargo, Freire sostiene que no existen “ignorantes”, sino que son personas a quienes se les ha negado el derecho de educarse.

Su propuesta tiene que ver con una "educación liberadora" entendiendo al educador que enseña y aprende, a través del diálogo y en una praxis liberadora.

Así plantea, una educación que no se subvierta el orden para que el opresor pase a ser el oprimido, sino que esa lógica se termine. Querer oprimir nos deshumaniza.

La educación liberadora problematiza. Es decir, que hacer preguntas a la realidad que no tengan respuesta unívoca, sino que puedan imaginar otros mundos posibles.

Nos genera el desafío de procurar una educación humanizadora, en la que la persona llegue a ser sujeto, que se construya como persona y que transforme el mundo. Nos invita a pensar “inéditos viables” a partir del diálogo, la curiosidad, la acción (praxis) y la reflexión crítica.

 Pedagogía latinoamericana

El análisis de las ideas de Simón Rodríguez y Paulo Freire revela un hilo conductor que conecta sus proyectos pedagógicos. Ambos autores, cada uno en su tiempo y contexto, concibieron la educación como un proyecto político de emancipación, arraigado en la realidad particular de América Latina y centrado en la comunidad donde la educación es la lucha por la palabra y el trabajo son motores de  la emancipación social.

Simón Rodríguez sentó las bases al postular la educación como el acto fundacional de la república, un proyecto para la igualdad que se oponía a las estructuras coloniales. La educación trasciende la mera instrucción; se erige como un proyecto intrínsecamente "pedagógico-político". Su enfoque se centra en la formación de la ciudadanía y los pueblos, entendiendo que la idea de igualdad, base de cualquier república, presupone la existencia de ciudadanos con derechos y la capacidad para ejercerlos. 

La mano el trabajo como motor de la emancipación sugiere la necesidad de vincular el aprendizaje con una destreza útil, un oficio que permita la autodeterminación económica y social. Por su parte, Freire eleva esta conexión al plano de la praxis, donde el conocimiento teórico se aplica para transformar las condiciones laborales y sociales. El trabajo, en este marco, se convierte en una oportunidad para la concientización y la intervención en la realidad

Freire, por su parte, proporcionó el marco metodológico de la praxis, uniendo la reflexión y la acción para que la educación se convirtiera en un acto de liberación consciente. La educación en la pedagogía latinoamericana es un proceso holístico donde el aprendizaje, la comunidad y el trabajo son componentes inseparables de un proyecto más amplio de liberación y justicia. Este legado, profundamente enraizado en el pensamiento situado desde el Sur, ofrece una guía fundamental para la construcción de futuros más equitativos y autónomos en Nuestra América.

Experiencia educativa

La Universidad Campesina - Sistemas Universitarios Rurales Indocampesinos (UNICAM SURI) es un proyecto del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE) en Argentina, centrado en la formación de jóvenes para promover su arraigo en las comunidades rurales del centro y norte de Argentina y fortalecer la identidad campesino-indígena. La UNICAM opera como un espacio de formación popular y comunitaria, donde se entrelazan la vida cotidiana y las actividades educativas.

Sus actividades formativas incluyen escuelas de formación sistemática con contenidos específicos, como la Escuela de Comunicación Popular y Comunitaria, la Escuela de Psicología Social y Popular y la Escuela de Agroecología. Además de materias troncales como Memoria Histórica y Educación Popular, también llevan a cabo procesos de alfabetización y terminalidad de primaria. La universidad integra el trabajo comunitario, la producción de alimentos, la radio, talleres de oficios y actividades deportivas como parte fundamental de su propuesta educativa.

Fuente: Huella del Sur

Conclución

La indagación sobre la educación permite reconocer distintas formas de concebir la enseñanza. La escuela tradicional se ha caracterizado por un modelo centrado en el docente como transmisor de
conocimientos, donde el estudiante se limita a la memorización y a la obediencia de normas establecidas. Si bien este modelo aporta orden y estructura, redujo el aprendizaje a la repetición, dejando de lado la creatividad y la participación activa. En contraposición, la nueva escuela planteó un cambio de paradigma al ubicar al estudiante en el centro del proceso educativo. Con ella, se buscó
fomentar la actividad, la motivación y la construcción del conocimiento a partir de la experiencia. Este giro pedagógico significó un avance hacia prácticas más dinámicas, aunque en algunos casos se limitó a innovaciones metodológicas sin cuestionar profundamente el sentido político y social de la educación.

Es aquí donde la pedagogía crítica, inspirada en Paulo Freire, cobra especial relevancia. Frente a la rigidez de la escuela tradicional y la dimensión técnica de la nueva escuela, Freire propone una educación liberadora, dialógica y participativa, que busca enseñar contenidos, pero también formar sujetos críticos capaces de interpretar su realidad y transformarla. Su rechazo a la educación bancaria y su apuesta por la concientización muestran que educar es siempre un acto político, que puede servir tanto para perpetuar la opresión como para promover la justicia y la libertad.

En conclusión, el recorrido desde la escuela tradicional, pasando por la nueva escuela, hasta llegar a la pedagogía crítica evidencia una evolución en la manera de concebir la enseñanza y el aprendizaje. Mientras la primera se centró en la transmisión, y la segunda en la actividad del alumno, la pedagogía crítica de Freire invita a trascender ambas posturas para asumir la educación como un proceso profundamente humano, ético y transformador de la sociedad.






Querer, no siempre es poder

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